Con esa sorprendente pero evidentemente irrefutable conclusión me levanté hace un par de días. Tan clara y definitiva me resultaba la aseveración que se lo hice saber a mi mujer, que era la que me acababa de despertar. Ella puso esa cara de complicidad condescendiente que se pone con los locos y con los que llevan dándote un discurso más de 25 minutos para que se callen y se fue a hacer algo importante, dejándome con la responsabilidad de desenredar la madeja de pensamientos que me habían conducido a aquella revelación.
La tarea no era sencilla pero sí urgente puesto que como supongo habreis deducido el digamos "axioma de la regla y el coche" provenía de un sueño y en mi mente se estaba librando la batalla de todas las mañanas entre mi mente consciente y ordenada y la caótica e impredecible que se encarga de poblar mis sueños. Siempre he pensado que el proceso debe ser similar a cuando entro en la habitación de mis hijas después de una tarde de juegos en la que han invitado a alguna amiga. Y mi mente consciente ya había abierto la ventana para airear y empezado a barrer, había que darse prisa.
Tercer párrafo y aún no he contado nada sobre la relación entre la regla y robar coches, cada día divago más. Lo primero que he de decir es que no había relación alguna con la menstruación (o eso creo) ya que la primera imagen que recuperé de mi cabeza fue la de un Ford Mustang negro aparcado en un parking de centro comercial en el que no ví otro coche. Era evidentemente de noche y el parking estaba escasamente iluminado. Vi a una chica rubia levantando una regla de plástico transparente con las típicas muescas en relieve pintadas de negro mientras decía la frase y señalaba el coche. La audiencia eran todo mujeres, que por cierto prestaban una atención exagerada, como los fanáticos de una secta aunque no llevaran uniforme o túnica.
Y ya está, ésas son las únicas imágenes claras que conseguí. Claramente un sueñus interruptus. Rebuscando entre los rincones de mi consciencia aparecieron pequeños flashes de Rafa Nadal (que era yo) preparándose para jugar un partido; un recorrido a vista de pájaro de un típico y no por ello menos precioso valle primaveral; algunas escenas del libro que me estaba leyendo (La verdad sobre el caso Savolta, ya acabado), monstruos y dragones variados y alguna que otra imagen no apta para menores que no voy a narrar, pero nada más sobre la frase con la que desperté.
Tengo la impresión que la regla no era una herramienta necesaria sino más bien una especie de requisito, al estilo de "si no teneis una regla no os dejamos robar un coche". En cualquier caso estoy convencido de que la inversa de la frase, "Quien roba un coche tiene una regla" no es cierta. Condición necesaria pero no suficiente, como se suele decir en matemáticas.
Aclarar por último que lo de robar coches no es en absoluto una actividad en la que tenga la más mínima experiencia ni tampoco curiosidad, no vaya a pensar alguien que tenga esto relación con mi inofensiva profesión. Y disculparme por no haber aclarado el enigma, pero es que éste es un post de relleno vacacional basado en un retazo de un sueño, no pretendereis además que tenga sentido. Gracias por leer hasta aquí.
Venga, ¡a disfrutar lo poco que quedan de las vacaciones!
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24 abr 2011
7 abr 2011
Soñar puede causar lesiones
Anoche tuve lo que no sé si llamar accidente pero desde luego fue un curioso incidente. Estaba yo como un tronco soñando tranquilamente. En el sueño iba yo circulando en bici con un compañero de trabajo. Íbamos por un camino que discurría en paralelo a una autovía, autovía por cierto extrañamente tranquila y anormalmente ancha para tener sólo dos carriles. Vamos, que una furgoneta de lado no ocupaba entero un carril.
Dimensiones de la autovía aparte, yo iba montado más que en una bicicleta en una reliquia de esas como los que tenían nuestros padres, con cuadro de acero bien macizo, guardabarros de hierro que rozaba con la rueda trasera, cadena oxidada con el pedal que se enganchaba en cada pedalada y frenos de los que para frenar apretabas hasta los dientes y las pasabas canutas cuesta abajo. Y de cambiar de marcha mejor no hablamos.
Mi colega ciclista iba en una bici de montaña de las chulas: frenos de disco, cambio de última generación, cuadro de aluminio, suspensión controlada en el manillar... una chulada, vamos. Resulta, según me entero luego en un flashback, que había ido a visitar al amigo éste y como sabía que me gustaba lo de ir en bici me propone salir, "pero sólo te puedo prestar la bici vieja".
Probablemente lo más inverosímil del sueño fuera que aceptara montar en esa máquina diabólica. En cualquier caso, un sueño es un sueño y está claro que llevaba ya un buen rato encima del potro de tortura, que hacía todos los ruidos imaginables. Chirridos, golpecitos, traqueteos, silbidos y creo que hasta gruñidos...
Bueno, venga que ya vamos acabando. Tras un rato de circular haciendo eses por el camino que he comentado, detrás de mi compañero que ni siquiera sé si necesitaba pedalear, nos desviamos por una carretera y mi amigo me comenta "ahora empezamos la ascensión a Sierra Nevada". ¡Joder, la madre que lo parió, que encerrona! De repente me encuentro ante una rampa que me costaría subir andando, parece un muro, me intento poner encima de la bici pero nada estoy clavado. Consigo dar una pedalada, no sé cómo es que no me caigo porque es que estoy realmente parado, no avanzo. Hago más y más fuerza empujando la pierna hacia abajo con todo lo que uno puede empujar, parece que se mueve un poco y....
.. y me despierto con un dolor terrible en la pierna. Se me han montado los gemelos en la pierna izquierda, supongo que de tanto esfuerzo. Diciendo y pensando unos cuantos pecados y maldiciones (pero en voz baja para no despertar a nadie), me levanto de un bote y empiezo a saltar a la pata coja y a pasear hasta que consigo que el músculo vuelva a su sitio y deje de doler. Resentido y dolorido (y flipado por lo que me ha pasado), me acuesto y me vuelvo a dormir.
Sí señores, es posible lesionarse por un sueño. Bueno, no ha llegado a tanto pero un día después aún noto un pequeño dolor. Por supuesto le he echado la bronca a mi compañero de trabajo en cuanto lo he visto esta mañana por la mierda de bici que me dejó y por plantarme en la subida a Sierra Nevada** sin avisar. Me queda el consuelo de que he hecho algo de ejercicio.. ¿o no?
Qué, ¿os parece curioso o por el contrario lo veis de lo más normal? Os aseguro para los que no lo hayais sufrido que cuando se montan (o se suben) los gemelos duele mucho, no es nada agradable despertar así.
[**Nota para los que no conocen la subida a Sierra Nevada: Estamos hablando de unos 40Km de subida ininterrumpida con pendiente media del 6%. Por supuesto que en el sueño estaba en una carretera típica que podía ser de cualquier parte ya que no he hecho la subida y no la conozco, pero eso es lo de menos]
Dimensiones de la autovía aparte, yo iba montado más que en una bicicleta en una reliquia de esas como los que tenían nuestros padres, con cuadro de acero bien macizo, guardabarros de hierro que rozaba con la rueda trasera, cadena oxidada con el pedal que se enganchaba en cada pedalada y frenos de los que para frenar apretabas hasta los dientes y las pasabas canutas cuesta abajo. Y de cambiar de marcha mejor no hablamos.
Mi colega ciclista iba en una bici de montaña de las chulas: frenos de disco, cambio de última generación, cuadro de aluminio, suspensión controlada en el manillar... una chulada, vamos. Resulta, según me entero luego en un flashback, que había ido a visitar al amigo éste y como sabía que me gustaba lo de ir en bici me propone salir, "pero sólo te puedo prestar la bici vieja".Probablemente lo más inverosímil del sueño fuera que aceptara montar en esa máquina diabólica. En cualquier caso, un sueño es un sueño y está claro que llevaba ya un buen rato encima del potro de tortura, que hacía todos los ruidos imaginables. Chirridos, golpecitos, traqueteos, silbidos y creo que hasta gruñidos...
Bueno, venga que ya vamos acabando. Tras un rato de circular haciendo eses por el camino que he comentado, detrás de mi compañero que ni siquiera sé si necesitaba pedalear, nos desviamos por una carretera y mi amigo me comenta "ahora empezamos la ascensión a Sierra Nevada". ¡Joder, la madre que lo parió, que encerrona! De repente me encuentro ante una rampa que me costaría subir andando, parece un muro, me intento poner encima de la bici pero nada estoy clavado. Consigo dar una pedalada, no sé cómo es que no me caigo porque es que estoy realmente parado, no avanzo. Hago más y más fuerza empujando la pierna hacia abajo con todo lo que uno puede empujar, parece que se mueve un poco y....
.. y me despierto con un dolor terrible en la pierna. Se me han montado los gemelos en la pierna izquierda, supongo que de tanto esfuerzo. Diciendo y pensando unos cuantos pecados y maldiciones (pero en voz baja para no despertar a nadie), me levanto de un bote y empiezo a saltar a la pata coja y a pasear hasta que consigo que el músculo vuelva a su sitio y deje de doler. Resentido y dolorido (y flipado por lo que me ha pasado), me acuesto y me vuelvo a dormir.
Sí señores, es posible lesionarse por un sueño. Bueno, no ha llegado a tanto pero un día después aún noto un pequeño dolor. Por supuesto le he echado la bronca a mi compañero de trabajo en cuanto lo he visto esta mañana por la mierda de bici que me dejó y por plantarme en la subida a Sierra Nevada** sin avisar. Me queda el consuelo de que he hecho algo de ejercicio.. ¿o no?
Qué, ¿os parece curioso o por el contrario lo veis de lo más normal? Os aseguro para los que no lo hayais sufrido que cuando se montan (o se suben) los gemelos duele mucho, no es nada agradable despertar así.
[**Nota para los que no conocen la subida a Sierra Nevada: Estamos hablando de unos 40Km de subida ininterrumpida con pendiente media del 6%. Por supuesto que en el sueño estaba en una carretera típica que podía ser de cualquier parte ya que no he hecho la subida y no la conozco, pero eso es lo de menos]
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28 feb 2010
El mundo se me ha quedado pequeño
No, no es que hoy ande con el ego subido, me limito a describir literalmente lo que me ha pasado.
Me he despertado a mitad noche al notar corriente en los pies, se me salían por debajo de la cama. Medio adormilado, no le he dado más importancia, pero ya que me había despertado, me he ido al baño en la penumbra a aliviar mi vejiga, pegándome un tremendo coscorrón con el marco de la puerta.
Ha sido entonces cuando me he dado cuenta que algo iba mal. Con una angustia terrible, he comprobado cómo el techo y las paredes se acercaban rápidamente. Buscando la salida más cercana, he tenido que romper las puertas de la terraza y el alivio al escapar de la ratonera en que se había convertido mi habitación ha sido inmenso. Al erguirme mi cabeza ya llegaba a la altura del cuarto piso.
He bajado a la calle desde mi terraza en la planta baja como quien baja el escalón de la acera, y para entonces mi altura ya superaba el décimo piso. Por muy absurdo que pueda sonar, en ese momento me he sentido aliviado por una tontería como es que a mi ropa no le ha dado por encoger.
No he tenido tiempo para preguntarme lo que estaba pasando, ya que se ha desatado el caos. O mejor dicho, yo lo he hecho. No había parado de crecer y al girarme he tropezado con el edificio del que acababa de salir, que se ha derrumbado arrastrando al resto de construcciones de la manzana, levantando una enorme nube de polvo. Curiosamente el sonido del derrumbre ha sonado muy atenuado en mis recién estrenados oídos de coloso.
He salido en dirección a la playa para tratar de reducir los daños que mi desmesurado crecimiento estaba provocando, consiguiendo sin embargo lo contrario ya que el rastro de destrucción que he dejado tanto directa como indirectamente (cada paso provocaba temblores que arrasaban barrios enteros) era desolador.
Al llegar a la costa mi estatura era tal que un par de aviones aproximándose al aeropuerto cercano han explotado a la altura de mi hombro. Totalmente desconcertado me he metido en el mar, poniendo la puntilla ya que la ola que he generado ha acabado con lo poco que quedaba de mi ciudad, que desde mi perspectiva era como una de esas maquetas a escala.
Acababa de exterminar a mi familia, amigos, vecinos y un sinfín de desconocidos. Tuve también un pensamiento materialista echando de menos mi sofá, y las colecciones de libros, DVDs y cómics. "De perdidos al río", pensé entonces, y me dije que podría aprovechar mi tamaño para ver las maravillas de mi pequeño planeta. Pero mi tamaño las desvirtuaba bastante. El Gran Cañón era una pequeña grieta, el Nilo un arroyo, la selva amazónica un montón de arbustos.
Y yo no había dejado de crecer. Mejor dicho, como he comentado al principio, el mundo no había dejado de reducirse. Fue entonces cuando me di cuenta, ya que la Luna había mantenido su tamaño y siguiendo las leyes de la gravedad estaba atrayendo a la Tierra con su mayor masa. Para entonces me imaginé a un hipotético observador, que seguramente me vería como el Principito de Saint-Exupery.
No tengo ni idea de cómo respiraba, pero respiraba. El planeta siguió reduciéndose, lo que también redujo mi velocidad de aproximación a la Luna y aterricé como una pluma, cayendo a mi lado lo que hasta entonces había sido mi planeta, del tamaño de una pelota de tenis. Lo cogí y me lo metí en el bolsillo, ya del tamaño de una canica.
Totalmente indiferente a cualquier cosa, ni siquiera me sorprendí al ver un establecimiento de grosero nombre llamado "Motel Kutimon", regentado por el personaje más peculiar que he conocido. El tal Kutimon (o era Tukimon), me contó que montó el local porque pensó que después de recibir la visita de Armstrong acudirían más turistas. El local, en el que había una foto de Kutimon con Neil Armstrong, no había tenido demasiados clientes, pero había permanecido abierto desde entonces.
El señor Kutimon era un gran personaje. Me contó historias realmente curiosas, como la de aquella niña que nació antes que su madre y tuvo que esperarla para poder vivir sin romper nosecuantas leyes de la Física (Kutimon era un gran experto en temas de viajes temporales). Me ha dado unos mapas para poder saltar a alguna otra realidad, siempre que evite Olvido.
Me pregunto si el planeta (que ahora debe de ser un átomo más en mi ropa) aún alberga vida o si la extinguí completamente. En cualquier caso, esto sólo fue el principio, a ver si encuentro un rato y os cuento lo que ocurrió después.
Me he despertado a mitad noche al notar corriente en los pies, se me salían por debajo de la cama. Medio adormilado, no le he dado más importancia, pero ya que me había despertado, me he ido al baño en la penumbra a aliviar mi vejiga, pegándome un tremendo coscorrón con el marco de la puerta.
Ha sido entonces cuando me he dado cuenta que algo iba mal. Con una angustia terrible, he comprobado cómo el techo y las paredes se acercaban rápidamente. Buscando la salida más cercana, he tenido que romper las puertas de la terraza y el alivio al escapar de la ratonera en que se había convertido mi habitación ha sido inmenso. Al erguirme mi cabeza ya llegaba a la altura del cuarto piso.
He bajado a la calle desde mi terraza en la planta baja como quien baja el escalón de la acera, y para entonces mi altura ya superaba el décimo piso. Por muy absurdo que pueda sonar, en ese momento me he sentido aliviado por una tontería como es que a mi ropa no le ha dado por encoger.
No he tenido tiempo para preguntarme lo que estaba pasando, ya que se ha desatado el caos. O mejor dicho, yo lo he hecho. No había parado de crecer y al girarme he tropezado con el edificio del que acababa de salir, que se ha derrumbado arrastrando al resto de construcciones de la manzana, levantando una enorme nube de polvo. Curiosamente el sonido del derrumbre ha sonado muy atenuado en mis recién estrenados oídos de coloso.
He salido en dirección a la playa para tratar de reducir los daños que mi desmesurado crecimiento estaba provocando, consiguiendo sin embargo lo contrario ya que el rastro de destrucción que he dejado tanto directa como indirectamente (cada paso provocaba temblores que arrasaban barrios enteros) era desolador.
Al llegar a la costa mi estatura era tal que un par de aviones aproximándose al aeropuerto cercano han explotado a la altura de mi hombro. Totalmente desconcertado me he metido en el mar, poniendo la puntilla ya que la ola que he generado ha acabado con lo poco que quedaba de mi ciudad, que desde mi perspectiva era como una de esas maquetas a escala.
Acababa de exterminar a mi familia, amigos, vecinos y un sinfín de desconocidos. Tuve también un pensamiento materialista echando de menos mi sofá, y las colecciones de libros, DVDs y cómics. "De perdidos al río", pensé entonces, y me dije que podría aprovechar mi tamaño para ver las maravillas de mi pequeño planeta. Pero mi tamaño las desvirtuaba bastante. El Gran Cañón era una pequeña grieta, el Nilo un arroyo, la selva amazónica un montón de arbustos.
Y yo no había dejado de crecer. Mejor dicho, como he comentado al principio, el mundo no había dejado de reducirse. Fue entonces cuando me di cuenta, ya que la Luna había mantenido su tamaño y siguiendo las leyes de la gravedad estaba atrayendo a la Tierra con su mayor masa. Para entonces me imaginé a un hipotético observador, que seguramente me vería como el Principito de Saint-Exupery.
No tengo ni idea de cómo respiraba, pero respiraba. El planeta siguió reduciéndose, lo que también redujo mi velocidad de aproximación a la Luna y aterricé como una pluma, cayendo a mi lado lo que hasta entonces había sido mi planeta, del tamaño de una pelota de tenis. Lo cogí y me lo metí en el bolsillo, ya del tamaño de una canica.
Totalmente indiferente a cualquier cosa, ni siquiera me sorprendí al ver un establecimiento de grosero nombre llamado "Motel Kutimon", regentado por el personaje más peculiar que he conocido. El tal Kutimon (o era Tukimon), me contó que montó el local porque pensó que después de recibir la visita de Armstrong acudirían más turistas. El local, en el que había una foto de Kutimon con Neil Armstrong, no había tenido demasiados clientes, pero había permanecido abierto desde entonces.
El señor Kutimon era un gran personaje. Me contó historias realmente curiosas, como la de aquella niña que nació antes que su madre y tuvo que esperarla para poder vivir sin romper nosecuantas leyes de la Física (Kutimon era un gran experto en temas de viajes temporales). Me ha dado unos mapas para poder saltar a alguna otra realidad, siempre que evite Olvido.
Me pregunto si el planeta (que ahora debe de ser un átomo más en mi ropa) aún alberga vida o si la extinguí completamente. En cualquier caso, esto sólo fue el principio, a ver si encuentro un rato y os cuento lo que ocurrió después.
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